La empatía, en neurociencia social, se entiende como la capacidad del ser humano para calzarse en los zapatos del otro sin que esto suponga un gran esfuerzo, lograr sintonizar sus emociones y sentir lo que el otro siente.
El origen alemán del término, Einfünhlung, acuñado por Robert Vischer a finales el silo XIX, originalmente se vinculó con las reacciones musculares y emocionales que se suscitaban en las personas al observar y apreciar un objeto artístico. A pesar de su larga evolución, su semántica sigue, en esencia, vigente, y expresa el hecho de conmoverse con la expresión emocional del otro, experimentar esa sensación de acompañamiento emocional que surge cuando empatizamos con alguien, y recorrer ese camino que nos lleva, sin ninguna duda, a una mayor compresión de un tercero.
A pesar del enigma que representa hasta hoy el funcionamiento del cerebro, científicos y expertos en el área aseguran que la empatía afecta en gran medida capacidad de aprender. Diversas investigaciones sobre la relación entre el comportamiento empático, la función cerebral y el rendimiento del estudiante, han concluido que el aprendizaje humano es principalmente un proceso relacional, del cual la empatía forma parte. La empatía dentro del salón de clases, incluye la apreciación de las emociones del alumno, y la expresión de esa conciencia al alumno. La empatía debe ser un objetivo de aprendizaje esencial, ya se cree que influye significativamente en la satisfacción del alumno, en el cumplimiento de sus tareas y deberes, en su desempeño dentro del aula, en la aceptación de las recomendaciones académicas de su profesor, en los resultados de su evaluación y finalmente en su satisfacción personal. Sin embargo, los profesionales de la educación, es decir, los encargados de sembrar la enseñanza en esos jóvenes, luchan con la forma de cultivar la empatía, especialmente en nuestra sociedad moderna, donde deben competir en desventaja con los avances tecnológicos en comunicación, que le ganan cada vez más terreno a la comunicación cara a cara.
La empatía en educación es compleja. Se describe no solo como ese sentimiento afectivo que vincula al maestro con la situación del alumno, sino también la valiosa capacidad cognitiva para posicionarse desde otro ángulo y tener una apreciación distinta, o ponerse en los zapatos del alumno. Al humanizar la práctica de la enseñanza dentro del aula, existe el temor constante de que los docentes se identifiquen en exceso con los alumnos, al punto de perder la objetividad, la autoridad, el respeto, y el llamado ‘control del salón’, resultando en otra fuente de estrés para el profesor. En consecuencia, esta concepción ha promovido que la preocupación por el individuo quede relegada a un segundo plano, y por ende, asimismo la experiencia compartida del alumno y la valiosa conexión docente-alumno, que brinda un sentido de afinidad y significado para ambos. En cuanto a la relación de unos y otros, en la satisfacción del alumno con los docentes, la empatía afecta indirectamente la satisfacción del estudiante a través de su efecto positivo en los resultados de sus logros académicos, y a su vez, el docente experimenta una mayor satisfacción profesional. La empatía de los profesionales de la educación, especialmente si es compasiva, curiosa y con perspectiva, mejora los resultados del estudiante a través de su capacidad para generar confianza, mejorar la comunicación y la comprensión mutua, lo que resulta en un mejor cumplimiento y compromiso del alumno.

La empatía Es tan crítica para el logro de los objetivos de cada estudiante, como lo es para el bienestar de los profesionales de la educación, quienes tienen la difícil tarea de llevar de su mano a los jóvenes por el sendero de la educación. A fin de cultivar la empatía en el maestro es primordial brindarle las herramientas profesionales para desarrollar un proceso de autoexploración y autoconciencia. También requiere el liderazgo inteligente, enfático y comprometido de nuestras instituciones educativas en las áreas de entrenamiento para las profesiones de la educación.
La implementación exitosa de la empatía en las ciencias de la educación requiere que los estudiantes sientan que su institución educativa es un ambiente dentro del cual se les valora y se les involucra empáticamente. La empatía no se pude cultivar exitosamente mediante la inserción intermitente de talleres o cursos sobre el tema, o sesiones donde se ensenen habilidades sobre técnicas empáticas. Hay que ir más allá, hasta lograr que las cualidades contenidas en esas iniciativas se reflejen en todo el plan de estudios. Esta meta se alcanzará cuando el currículo interno de cada institución educativa refleje la importancia de la relación, de ponerse en el lugar de otro y ubicarse desde otra perspectiva.





